Quizá os preguntaréis... ¿por qué Cahuín? Cahuin es una palabra que me regaló mi amiga Ishtar Paddy. Viene del mapuche, lengua indígena chilena, y significa "lío, alboroto". O sea, un poco polvorilla. Como sigo siendo. Y andanzas, en definitiva es lo que vivimos todos nosotros a diario, aunque no lo expresemos por escrito. Aquí tenéis vuestro espacio...
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lunes, 13 de enero de 2014
martes, 23 de julio de 2013
ANDANZA N. 321. TE RECUERDO, SHERIFF
Te recuerdo por tu energía, por tu espontaneidad, por tu bravura, por tu humildad. No quiero ni imaginarte apagándote como una vela consumida, ese no debía ser tu destino, pero a veces, parece que la parca se equivoca de personas, de fechas, de circunstancias. ¿Y sabes por qué te recuerdo también? Por esas frases lapidarias que tanto te gustaba decir. Por tus NAF´S y BAF´S. Pero hoy me viene a la mente otra: cuando hablabas de la vida, lo hacías en términos de “debe” y “haber”, lo cual dice bastante también de ti. De ese mucho de reflexión que tanta gente no veía. Una vida tiene sentido cuando la balanza se inclina hacia ese “haber”. Me ha hecho pensar en el mio. ¿Qué tengo yo?
Primero, y ante todo, me tengo a mi misma. Me he comprado un anillo de compromiso conmigo misma y lo luzco orgullosa. Nacemos solos y morimos solos, aunque nos puedan tender la mano. El resto no es mio, pero lo siento parte de mi. Tengo un hijo en plena ebullición hormonal que se enrabieta conmigo por cualquier cosa. Recuerdo aquella frase: quiéreme más cuando te sea totalmente esquivo porque será cuando más te necesite. Mi dulce niño sufrirá una transformación y otra y otra, como todos aunque a su ritmo más lento. Más duro, más difícil si cabe. Pero llegará un momento en que (como casi todos) nos acordaremos de los besos de nuestra madre y de sus desvelos.
También tengo unos pocos y valiosos amigos, alguno cada día al pie del cañón incluso dejando a un lado temporalmente su drama personal, alejándolo un tiempo de su mente, para consolarme por mis pequeñas cosas. Mi madre es capítulo aparte: es increíble cómo una persona de 88 años puede ser tan fuerte y ágil mentalmente. Quiero tener la curiosidad que siente ella por todo lo que le rodea, esa curiosidad que te hace crecer como persona. No estancarte, no dejar que se instale el hastío en ti porque entonces sí que, querid@, eres definitivamente viejo.
Y tengo alguna posesión material a la que me aferro como una niña en ocasiones. Algún peluche al que abrazo cuando siento miedo (mi hijo es muy especial en tema “abrazos”, ya sabéis, y a mi madre no le gustan los achuchones) Por cierto, pobrecillo mio, me ahogo cuando le veo con el jerseycito de lana, muy cool, pero… Voy a tener que tomarle medidas y comprarle una camiseta de algodón. Podría ir desnudo, como corresponde a un mono, pero como es ya casi una reliquia, tengo que cubrirlo porque está casi calvo. Pero yo lo quiero, qué caray, y casi me parece que suda con la manta morellana.
Y mi otro consolador (uyyy qué mal suena esto, pero no sé cómo llamarlo porque “fetiche” suena casi peor) es el muñequito del que os hablé. Ese que ahora a todo el mundo le da por decir que es una niña, y yo se ve que soy la única que le ve como un niñito. Pues lo siento, se llama Pepe y ahora no le nombraré como “Pepa” por mucho que os empeñéis. A ver si ahora le tendré que explicar que es una niña. No puedo ni imaginarme que a mi me dijeran que en realidad soy un tío. Y ya no tengo que depilarme si no quiero, y tengo que hacer pis de pie y pensar que todas las tías están buenorras. Y encima llamarse diferente. Tenía razón la madre de mi amiga cuando adoptó a una perrita que fue bautizada como Betty. Quizás no es un nombre muy habitual para un animal pero… ¿acaso debía crearle un conflicto de personalidad?
Ya lo dicen los indios americanos (si queda alguno): hay que tener mucho cuidado al decir el nombre de una persona porque entras en su espíritu. Y los animales igual. A ver, pobre Betty o pobre Pepe, qué derecho tengo a ponerles otro nombre. Por cierto, querido Manel: al final he acabado con un tema algo más frivolón, pero sé que tú nunca hubieras deseado que te recordáramos con tristeza. Por eso brindo por todos esos momentos inolvidables que nos hiciste vivir. Gracias.
miércoles, 26 de junio de 2013
ANDANZA N. 306. LA MEJOR EDAD PARA EL SEXO
Ha caído en mis manos una revista con este titular en la portada tan… tan… Vamos, que me ha despertado la curiosidad. Me daba miedo la conclusión, de verdad. Pensé: ¿y si no lo leo? Pero hoy me he levantado de buen humor, con voz, despejada, y me he decidido: he buscado rápidamente, página 27, allí voy. Aparte del titular, se destaca la siguiente frase: a pesar de la cara de susto de la actriz de la foto, la mejor edad son los 50 años.
Ay, señor. No sabía qué hacer. Si echarme a reír porque parece que lo mejor no ha llegado o echarme a llorar porque aún me faltan tres eternos años. ¿Y si me muero antes y me quedo sin disfrutar de ese néctar de los dioses que prometen? Mecachis, tendré que hacer como mi madre: engañar al tiempo, decir que tengo 49 primaveras (o inviernos) y ya me quedará menos. No vivo en mí, como la Santa, o el Santo, tanto tiempo mirándome al espejo para descubrir una nueva arruga… O esos horribles cordones que se forman en el cuello y que sólo se disimulan pasando calor… O dándole la razón a Newton sobre sus teorías sobre la ley de la gravedad.
Tanto tiempo sintiéndome mayor ante los treintañeros en forma, musculosos, descaradamente jóvenes,,, ¡y ahora resulta que la que los tendría que mirar con lástima soy yo! Anda yaaaaaaa, que todavía te faltan 10, o 12 o 16 para estar en forma. Jijiji, tú no lo sabes pero yo estoy a punto de transformarme en una fiera sexual, una seductora que te cogería por el cuello y… y… Perdón, esto no son las 50 sombras de Grey.
Bueno, mis queridos cincuentones, apartaos de las mujeres porque podéis causar estragos; sobre todo apartaos de mis amigas porque las quiero mucho y no quiero que sufran, jeje. Yo ya pongo el cronómetro marcha atrás. Dentro de tres años os lo cuento, mientras tanto me relamo de gusto, como buena gata que fui en otra vida. ..
miércoles, 19 de junio de 2013
ANDANZA N. 71. ALFONSO
A mi amigo Alfonso lo recuerdo con los ojos entrecerrados, efecto a veces del humo del sempiterno cigarrillo rubio, del J.B. (que consumía sin moderación pero que no le hacía perder la lucidez) o bien porque reflexionaba sobre el bien y el mal, lo cual hacía casi siempre. Era botones en “mi” hotel de Madrid, no es que yo sea propietaria, jaja, que por no tener, ni tengo unos ahorrillos en el banco, pero la gente de allí era como mi familia, en lo bueno y en lo malo, y todavía más en lo malo, qué buenas personas. Bien, pues Alfonso (nacido en Barcelona pero criado en Móstoles) era un figura. No quería ser más que botones, mejor dicho, le daba igual ser botones porque le permitía observar, analizar, leer el periódico en el turno de noche y vivir sin demasiadas complicaciones. La primera vez que nos vimos también me analizó, faltaría más, pero debí pasar la criba porque en el primer viaje que fui sola me propuso ir a visitar los garitos más variopintos de la capital. Así como había quien sólo te llevaba a los sitios más “in”, herederos de la todavía cercana movida madrileña y otros sólo a los castizos, él igual se bebía un J.B. en Morocco, en el Viva Madrid, en el Calentito o en el No se lo digas a Nadie. Daba igual Chueca que Huertas o Moncloa. Yo de coca cola light y sin probar un cigarro; él aparentemente mi antítesis. Cuando yo llegaba lo dejaba todo porque decía que yo le daba vidilla, cosa que siempre me extrañó porque ni fumo ni bebo ni soy divertida. Algunas noches hacíamos los zumos para el desayuno de los clientes (o sea, yo, por ejemplo) y un día me llevó hasta el tejado del hotel para que admirara la vista nocturna de Madrid. Una gozada. Y al lado una habitación abuhardillada, “el palomar”, que era la última opción si el hotel estaba lleno y faltaba alguna habitación por descuido. A mi siempre me decía que, incluso si me reciclara y de urbanita me fuera a vivir al campo, llevaría alpargatas de diseño, cosa que tampoco entendí nunca por qué lo decía, si yo soy poco de marcas y de aderezos. Un día me llevó a visitar la frutería que tenía su padre en Móstoles, donde vivía, supongo que para que las vecinas del barrio hablaran, tremendo que era el chico. El pobre señor también se quedó un poco sorprendido pensando quién sería aquella chica con acento catalán y “diferente”, jijiji, y para qué me había llevado a conocerlo... Recuerdo en nuestras salidas nocturnas que siempre se le acercaban chicas porque tenía una imagen angelical, rubito y de ojos azules; muchas veces le había dicho, venga, me pillo un taxi y tu remata la noche... Entonces me clavaba aquellos ojos con una mirada glacial y me soltaba: ¿pero tu por quién me has tomado? TU ERES MI AMIGA. Discusión acabada. Incluso cuando dejó el hotel porque quiso y se fue a la frutería de su señor padre siguió viniendo a verme religiosamente. Curioso: en su amistad era celoso, ¡ni que fuéramos novios! Una vez salimos con dos amigas mías y un por aquel entonces compañero de trabajo suyo y la noche acabó un poco mal, bueno, bastante mal… Las chicas por un lado y los chicos por otro, despotricando ambos bandos. Al día siguiente, o sea, a las pocas horas, yo tenía que regresar a Badalona. Mi sorpresa fue que, desde las siete de la mañana (hora en que yo dormía un poco plácido sueño), Alfonso me estaba esperando en recepción para disculparse conmigo (pero no con tus amigas, eh... que tu eres diferente, y eres mi amiga, ¿cómo que con mis amigas, no? Cloti, que te vas dentro de nada.... vaaaaale) y, como casi siempre, me acompañó a la estación. Le perdí la pista no sé cómo pero me recorre un escalofrío al recordar una frase que hacía suya: vive rápido, muere joven y harás un bello cadáver. Por favor, si hay alguien de Móstoles que sepa de un chico que tiene una frutería y se llama Alfonso, rubio y de ojos azules, me lo diga, gracias, ya sé que no doy muchas pistas, pero....
lunes, 17 de junio de 2013
IN MEMORIAN: Andanza n. 57. EL SHERIFF MANEL
Ya tardo en dedicar unas líneas a una persona GRANDE GRANDE, Manel Comas Hortet. A Manel le conocí hace la friolera de 33 años, pero eso es porque los dos empezamos muy jóvenes en esto del mundo del básquet, bueno, yo escribiendo porque soy incapaz de botar dos veces seguidas la pelota... La primera vez que le entrevisté fue al acabar un partido, en la rueda de prensa posterior. Curiosamente, lo que más recuerdo fue la chaqueta que llevaba: una cazadora deportiva azul cielo con una silueta de Snoopy en azul marino. Yo también me fijo muchas veces en estos detalles a lo mejor insignificantes, pero que quizás no lo son tanto porque dicen mucho de una persona. De Manel puedo decir que SIEMPRE me atendió, fuera a la hora que fuera, incluso a veces repitiendo una entrevista porque el cassette me había jugado una mala pasada, y me trató con el máximo respeto. SIEMPRE me hizo ver que era pequeña pero que PODÍA SER GRANDE (a ver, Cahuin,¿ cuándo te vas a decidir a publicar a nivel nacional? porque tu vales...) si quería, TODOS PODEMOS SER GRANDES SI QUEREMOS. Nunca faltó a una cita, él siempre primero. Extrovertido, noble, valiente, listo, siempre en su sitio porque si alguna vez el corazón le ha ido por delante de su cabeza EN TODO MOMENTO ha sabido rectificar. Amigo de sus amigos y el complemento natural de otra persona a la que también pongo en el podio, Aito García Reneses, tan diferentes en la forma, tan parecidos en el fondo. Manel es una persona que ha sufrido el peor golpe que te puede dar esta puñetera vida pero ha sabido salir adelante con una fuerza que saca porque él viene de una raza de titanes. Y en este nuevo golpe, tornarà a lluitar, tornarà a sofrir, tornarà a vencer. Manel, sort, amic, estem amb tu!
domingo, 16 de junio de 2013
Andanza n. 80. MARTA-CAHUIN-SANCHEZ
Creo que os he contado alguna vez que tengo mucho sentido del ridículo y, al mismo tiempo, mucha capacidad para hacerlo. Me pongo a llorar a mares ante una persona que apenas conozco, no sé responder a las bromas, me resbalo y caigo de culo... Un desastre. Pero hay algo todavía más fuerte en mi, y es el instinto de hacer sonreír a un niño. Mi amiga Roser tiene una sobrina, Mireia, a la que hace años que no he visto. Tantos como quince. Pero de la época que os hablo hace ya más de veinte. Por aquel entonces, Mireia era una niña con "ángel" que adoraba a su tía y también a la amiga de su tía (yo). La entendía muy bien porque yo, con su edad e incluso más pequeña me volvía loca por salir con mi hermana y su amiga y sé lo mal que te sientes si te dejan de lado, mejor dicho, si TU CREES que te dejan de lado. A Mireia la llevábamos a pasear, a nuestras cenas en el piso de su tía. Por aquel entonces, se nos unieron unos compañeros de facultad y la pareja de una de ellas, formábamos un grupo heterogéneo por edad y condición, pero nos lo pasábamos en grande. No sé cómo una noche, en el piso de Roser, empecé a tararear una canción, cosa que nunca hago pues, por eso, porque tengo sentido del ridículo. Mireia abrió los ojos: pero si eres como Marta Sánchez (????)¿ Yo? ¿Marta Sánchez? Bueno, igual me parezco en dos cosas pero... Y Mireia insistiendo, sí, eres como ella, ¿por qué no nos haces una actuación? Que no, qué vergüenza... Mireia me puso ojitos: Cloti... Y me pilló el punto. Me ayudó a disfrazarme con un vestido que encontró de su tía (horror, el vestido no era demasiado largo y encima mido casi 10 cm más que mi amiga, con lo cual me queda minifaldero, enseñando una de las partes que más odio de mi anatomía) Encontramos una boa de astracán y unos zapatos de plataforma dorados. Ya estaba, Marta Sánchez total. Y aquí la señora-sentido-del-ridículo se subió a una silla y se puso a berrear: SU-PER-NA-TU-RAL... Mireia me miraba con ojos de absoluta admiración, ay, no hay nada mejor que caer en gracia. Incluso me aplaudieron. No he vuelto a cantar nunca más en público, ni tan siquiera en petit comité, pero valió la pena ver la carita de felicidad de aquella niña...
jueves, 13 de junio de 2013
ANDANZA N. 288. NO SOY MONICA BELLUCCI
No soy Mónica Bellucci. Me diréis si he descubierto la sopa de ajo, que ya os habéis dado cuenta. Ultimamente me flagela esta idea. Veo que muchos de mis amigos (algunos asquerosamente jóvenes) adoran a Mónica Bellucci. Creo que si fuera hombre estaría enamorado de Mónica Bellucci. Creo que si fuera lesbiana estaría enamorada de Mónica Bellucci. Es más: creo que me gusta Mónica Bellucci. Tiene algunos años más que yo, ¿dónde presento una reclamación?
Un querido amigo mio dice que ella es voluptuosa y sexual, más que sensual. Me dejó tan sorprendida que no alcancé a entender bien el significado profundo de esta frase. O sea. ¿que sirve para un polvo, perdón, pero puede cansar en demasía? ¿Es mejor ser sensual que sexual? ¿Son conceptos antagonistas o pueden complementarse? ¿Qué prefiere un hombre hetero? Esta noche se lo pregunto porque me noto en un sin vivir.
Otra amiga me dijo que no me preocupara, que me buscara un entrenador personal, me hiciera unos cuantos líftings y me pusiera botox o partículas de oro, que es lo más “in”. Y sería como Mónica Bellucci. Pero me da que no, porque no sé poner esos morritos, ni ladear la cabeza, ni puedo tener una larga melena negra; mi pelo crece a lo ancho, el muy rebelde. O sea que mejor no lo pruebe, a ver si me voy a quedar con el morro torcido y hablaré como... Bueno, ya sabéis.
Tampoco soy Demi Moore, que tras el fracaso de su matrimonio con el yogurín se ha liado con otro. Olé sus ovarios. Y se desmelena en la pista de baile con un mono cortito cortito, escotado, oh yeah, que me quiten lo “bailao” que luego, cuando me entre la “depre” y beba para olvidar, me iré a desintoxicar a la clínica más de moda de Hollywood.
Ni soy Madonna, ni Jennifer López, ni la señora Robinson. Querid@s, no me digáis ni falta que te hace porque tengo espejos en casa y de cerca veo PER-FEC-TA-MEN-TE, la única ventaja de ser la versión femenina de Rompetechos, que las gafas de cerca de momento no las necesito... Ayyyy qué lastimica....
martes, 11 de junio de 2013
Andanza n. 244. NECESITAMOS UN HOMBRE
La televisión ha hecho “ploff”. Bien, no es así exactamente, pero un día un canal se quedó con un ruido de fondo muy molesto. Concretamente fue TV3, no sé si alguien lo sabotearía. Mi madre montó en cólera porque le gustaba ver a los vecinos dando la previsión meteorológica, explicando lo que ocurre por el mundo, o en qué temporada puedes comprar el mejor boquerón. No es por motivos ideológicos, que conste (Qué mala suerte, un mes antes el calefactor tampoco hizo “ploff” sino que directamente dejó de encenderse) Mi madre se acostumbró a ver los telediarios y las series de cierta cadena y los concursos de otra y echaba poco en falta ya nada. Pero hará cosa de tres días, una de estas cadenas empezó a perforarme el tímpano con el dichoso y mismo ruido bien conocido. Y ayer ya fue el presentador preferido de mi madre, y esto la pobre no lo pudo suportar. Total que decidimos que necesitaba una tele nueva, pero por más que le insistía yo, ella no daba el paso de ir a la tienda. Hoy he sabido la razón. Volvía yo de comprar ropa interior para mis sobrinos cuando, de pronto, por la otra acera oigo una voz familiar que me llama. Era mi cuñado José Ramón con mi madre. Me hacían señas que fuera con ellos a la tienda de electrodomésticos, bendito sea el Señor, dejaré de oír el zumbido de mosca c... Mi madre me suelta: como sabia que te encontraríamos porque ibas a ver a Lourdes, he aprovechado que tu cuñado está libre para que nos acompañe. Es que los hombres saben más de ésto, alegaba. Total que hemos ido los tres (José Ramón armado con la cinta métrica que utiliza mi madre para medir sus labores de punto) a elegir el electrodoméstico. Realmente mi cuñado ha sido muy preciso midiendo las pantallas de los televisores (mi madre decía por lo bajinis: ves cómo necesitábamos a un hombre. Y yo, sí sí, lo que tu digas) Como José Ramón no se ha quedado muy conforme la yaya le ha dado la llave de casa no fuera que luego el televisor no entrara o quedara demasiado pequeño. Hechas las segundas comprobaciones, hemos elegido modelo. Perfecto. El lunes tendremos televisor nuevo, bieeeeeen. Por cierto, aprovechando que la nevera empieza también a parecer un abejorro, hemos echado una mirada a las neveras y combis. Mi madre estaba mirando las que señalábamos mi cuñado y yo y ha sentenciado: no caben. El ha sacado de nuevo la cinta métrica, 1.69 (hala, mide lo mismo que y) Sí, yaya, decía el hombre, cabe. Mi madre negaba pero ante la comprobación y aseveración de mi cuñado, no ha dicho nada más. Al volver a casa, y en un momento en que no estaba ella, he medido la altura de la nevera. La de la tienda no cabía... Me han entrado ganas de decirle a mi madre para qué servían los hombres según ella, pero me ha dado miedo su respuesta, aparte de poner a uno de ellos y a Cahuín, ejem... en evidencia
jueves, 6 de junio de 2013
Andanza n. 136. LA HECHICERA DE BATA BLANCA
Por mala suerte para mi (pero sobre todo, para mi hijo) he estado en contacto con multitud de profesionales de la medicina y psicología: pediatras, neurólogos, psiquiatras, psicólogos, neurocirujanos, pedagogos... De ambos sexos (aunque mayoritariamente mujeres) y de edades muy dispares, con lo cual tendría unas cuantas andanzas que contar, pero no todo el mundo te impacta de la misma forma, evidentemente. Hoy quiero hablaros de una psiquiatra que me pareció, más que doctora, una hechicera. Hace muchos años que sé que el hábito no hace al monje, pero reconozco que siempre tienes una cierta tendencia a pensar que por ocupar determinado cargo tienes que ser o aparentar "algo", no sé exactamente qué, pero sí algo que concuerde con lo que tu cabecita ha dado por imaginar. La psiquiatra de la que os hablo es una chica joven (o de apariencia juvenil), alta, muy alta y esbelta, pelo cortado no al uno pero quizás al dos y de un tono rubio pajizo. En sus orejas no había espacio para más pendientes, ni una gota de maquillaje, expresión dulce... Llevaba una camiseta informal y unos vaqueros que le arrastraban por el suelo, de pata de elefante casi. La bata desabrochada que, al andar, parecía una capa de una maga... Pero no fue esto lo que me descolocó. Me acuerdo que entramos en su consulta, hizo sentar a Albert frente suyo, colocó su cara a la altura de la del niño y le dijo: ¿quieres que hablemos un poquito? Yo me quedé en la retaguardia, a instancias de la doctora. ¿Hablar? El crío le "cascó" toda la angustia que llevaba dentro: que en el cole le pegaban, que le tiraban balonazos a la cabeza y al estómago, que los profesores le llamaban "mentiroso" (qué ojo clínico el de aquel docente, la primera premisa, un asperger NUNCA miente) y enredón, que le empujaban por la escalera,,, Yo flipaba, y más que por lo que contaba el niño (y que su madre ya intuía) por la fluidez con que se estaba abriendo a una desconocida. Nadie le había sacado aquel secreto tan celosamente guardado y que él verbalizaba con una sencillez terrible, despojada de dramatismos... Salí de aquella consulta muy tocada, repito, tocada por lo que había contado Albert pero sobre todo, por la facilidad con que aquella chica que me imaginaba más tocando la guitarra en el barrio gótico que en un despacho de Sant Joan de Déu, supo sacarle toda su terrible experiencia... Y es que hay brujillas buenas, no lo dudéis...
miércoles, 5 de junio de 2013
ANDANZA N. 300. DONDE EL SENTIMIENTO TE LLEVE
Esta andanza no está dedicada directamente a mi amiga Carmen, aunque sobre ella podría escribir 1001. Ella es una “gata” de adopción, como yo. Carmen nació en Lanzarote y no ha perdido ni un ápice de su dulce acento, ni del apego a su tierra. De ella hablaré en otra ocasión, pero hoy quiero referirme a dos episodios muy duros de su vida y que me han hecho reflexionar sobre cómo reaccionamos los demás.
En muy poco tiempo, ha perdido a su madre y a su cuñada. De la misma cruel enfermedad. Su madre en noviembre, su lucha fue menos larga, pero la distancia le minó a mi amiga todavía más la moral. Mi mamá no quería que la lloráramos, explicaba con la voz rota. Que cuando muriera, nos fuéramos todos a almorzar y que sus cenizas reposaran en el jardín de mi hermano.
Su cuñada (demasiado joven) luchó años y años contra el cáncer. También tuvo esa terrible (o bendita) lucidez hasta el final. Todos creíamos que ganaría la guerra. Libró muchas batallas y siempre se levantaba. Valiente. La sentíamos inmortal. Nos equivocamos. El final la sorprendió en medio de un periodo de relativa calma.
Pero no era mi intención detallaros esto. Reflexionaba porque Carmen me llamó el sábado para darme el segundo fatal desenlace. Hablamos un buen rato, y luego le pasé el teléfono a mi madre. Ya sabéis que la abuela es más bien arisca, según se define ella misma (“a mi que no me magreen”) Tengo el peluche viejo al que tanto quiero, lo lavo, le esponjo la cabellera, le tejo un jersey nuevo de colorines, y ella me suelta: sigue estando hecho una mierda. Así tal cual, perdón por la palabra. Pues esa tarde vi transformarse a mi madre. Era una mujer dulce que consolaba a una persona en un trance duro.
Era otra persona, os lo aseguro. Parecía mucho más joven (a este paso, casi de mi edad, la j…), una expresión de ternura le suavizaba el rostro y la embellecía. Recordé una imagen vaga de una mujer menos castigada por la vida, más recompensada, con ganas de abrazar y jugar. Me pareció recordar una pequeña Cahuín que se dormía en brazos de la mami. La escuchó, le dijo las palabras justas (las que yo no sé decir nunca), la animó para que viniera a vernos. Le ofreció todo ese amor que sólo una madre sabe entregar (bueeeno, y también muchos papis) Cómo nos transforma ese sentimiento de empatía.
Hablaron muchísimo rato. Sentimos que nos pesa la edad cuando nuestros padres desaparecen físicamente; es como si toda la niñez se evaporara porque ya somos los mayores. No tenemos nuestros primeros puntos de referencia y toca ser siempre sensato, tomar las decisiones adecuadas. Da igual que tus padres tengan noventa años y que a veces se comporten como niños y coman a escondidas esos dulces tan ricos, pero se olviden el papel encima del mármol de la cocina. Siempre son tu fortaleza.
Al colgar mi amiga, hice visible al peluche. Me soltó: ¡eso es, acércamelo para que lo pueda tirar al contenedor ahora que el Ayuntamiento me lo ha puesto más fácil!
domingo, 2 de junio de 2013
Andanza n. 39. MI SANTA
Yo siempre me había quejado de mi nombre. Me daba mucha vergüenza, sobre todo cuando me llamaban en la consulta del médico; todo el mundo espera ver a una señora (lo digo por el nombre, que suena a antiguo) y se levanta una niña. El "culpable" fue mi padre, que le quiso hacer un homenaje a mi madre y me inscribió con este nombre. Y me pregunto yo, si antes nacieron dos hijas más...¿ por qué no les tocó el honor a ellas? Claro que, pensándolo bien, todavía tuve suerte porque mi madre nació el siete de febrero, día de San Ricardo, y en el año 1925 era común bautizar con el santo del día.. Gracias por existir, tía abuela Clotilde, por ti le pusieron el nombre a mi madre y a mi me libraste de tener que hacerme llamar Richie, por ejemplo, que suena a chico y no es que tenga nada contra los hombres pero ya me he acostumbrado a mi sexo... Además, aunque mi nombre no es habitual, tampoco es tan raro. Una amiga mía me hizo una lista de posibles nombres peores que el mio y me animó. Y, como ya sabéis algun@s, mi santa me gusta mucho: no fue ni virgen ni mártir, que a mi esas historias de santos sacrificados en pos de la gloria me da mucha grima. Y encima era reina, y tuvo marido e hijos, vamos, como la mayor parte de gente. Por cierto, Clotilde significa "guerrero glorioso". Creo que lo de guerrera se me ajusta y lo de gloriosa.. Bueno, dejémoslo estar...
miércoles, 29 de mayo de 2013
Andanza n. 91. EL ABUELO LUIS
Mi abuelo Luis fue el último militar de una estirpe de altos mandos, de los que tenían chófer con gorra de plato y guantes blancos. El, sin embargo, nunca quiso responsabilidades, quizás porque dos de sus tíos murieron de forma salvaje siendo casi niños en África. Su familia era malagueña, pero por las circunstancias de la vida militar, él nació en Badajoz. Ese mismo azar fue el que propició que sus hijos nacieran en tres localidades diferentes, Barcelona, Vilanova i la Geltrú y Granollers. Y el destino quiso que se casara con una mujer de belleza etérea, de tez blanquísima, ojos azules y pelo rubio cobrizo. Vamos, una muñeca para su época, yo sólo he heredado una palidez que me mortifica porque no está de moda, con lo exótica que quedaría con los ojos azules, jeje… Mi abuela Teresa venía de familia de artistas, pintores de l´Alt Empordà de cierto prestigio, de hecho, TODOS lo hombres de mi familia por parte de madre son grandes dibujantes (alguno incluso se dedica a ello profesionalmente) y las mujeres una nulidad en este aspecto, yo por ejemplo, dibujo igual un perro que una patata, es que lo mio es el arte abstracto ;-) Bien, pues como iba diciendo, mi abuelo y mi abuela no podían ser más diferentes. Teresa tuvo la oposición frontal de su familia y se fue apartando poco a poco de ellos. No sé qué vida llevó aquel ángel pero murió con 30 años después de haber parido seis hijos o sea que me puedo hacer una composición de lugar. El abuelo Luis se volvió a casar enseguida con una viuda con tres hijos que era la antítesis de mi abuela y, en casa, llevaba a su marido en vereda. Maña, pero criada desde muy pequeña en Santa Eulàlia de Ronçana, llegó a ser más catalana que los propios catalanes (mi amigo Alfonso decía que los “peligrosos” no eran los Martorell o Collell, jeje, qué razón tenía…) Mi abuelo Luis tenía estudios, como dice mi madre, pero no pudo ejercer nunca de maestro porque su carácter le podía. Baste decir que un compañero del cuartel, cuando quería castigar a su hijo, llamaba a mi abuelo y éste se sacaba el cinturón y le pegaba una buena zurra al hijo del vecino, no sé realmente cuál de los dos era peor… Aparte de esto, mi abuelo era un hombre guapísimo, alto, moreno, bien plantado, que siempre iba delante en todos los desfiles. Mi madre dice que mi primo Bernard ha salido al abuelo, se le llena la boca cuando cuenta esto. Un personaje el abuelo, seguidor acérrimo de Manolete y amante de la buena vida, no me lo imagino contándole cuentos a los nietos… Murió ya mayor y, según dicen, sin una cana. Genio y figura
lunes, 20 de mayo de 2013
ANDANZA N. 298. DECALOGO DEL SEDUCTOR DE MEDIO PELO (DEDICADA A LAS TONTAS DE CAPIROTE)
Nunca te engañé
Perdóname
Yo también sufro
Quiero que me veas como a tu amigo
Me arrepiento del daño que te he hecho sin querer
Ojalá pudiera retroceder en el tiempo
Espero que pueda haber otra oportunidad; seguro que la habrá
Te mereces lo mejor
Me coacciona las circunstancias, necesito poder sentirme cómodo
Si preguntas lo que no debes, te arriesgas a oír lo que no quieres
jueves, 16 de mayo de 2013
ANDANZA N. 37. NEGRET (1 PARTE)
Hoy he hecho un trayecto en coche lleno de paradas en medio de un atasco y me he acordado de mi querido gatito Negret. Qué poco le gustaba cualquier coche... Además, como buen felino, tenía un sexto sentido que hacía que el día antes de emprender un viaje en coche él tenía ya las antenas puestas. Hasta tal extremo que creo que llegué a obviar las palabras "viaje", "vacaciones" o "coche" en cualquier conversación si él estaba presente por si acaso me entendía. Recuerdo que escondíamos las maletas para que no las viera (preparar maletas a escondidas de un minino, tiene narices el tema...) y nosotros como si nada, vida normal, no fuera el gato a sospechar, en esto me recuerda a mi hijo salvando las distancias. Me refiero a ese sentido extraño tan agudizado y al trastorno que le suponía un cambio de rutina... Bien, pues el día de la partida y antes de ver ninguna maleta, Negret desaparecía. Lo teníamos que buscar por toda la casa, además era tan listo que cada vez buscaba un escondrijo diferente. Entre todos los adultos de la casa lo acorralábamos, cerrando puertas e intentando cortarle el paso (nótese que teníamos que ser un mínimo de tres para ganarle) Cuando al final lo teníamos, el problema era meterlo en su cesta. El valiente acostumbraba a llevarse unos cuantos arañazos como heridas de guerra, superficiales, eso sí, sin ánimo por parte del felino de matar, pero que te dejaban su marca visible... ¡Era el miedo, claro, pobre Negret El mismo miedo que, cuando salías por fin (con una hora o más de retraso) hacía que, a los diez o quince minutos de viajar, a Negret se le soltaran los esfínteres y tuvieras un viaje de "narices"... Lo peor fue una vez en que viajábamos con un cuñado mio que tiene mucha paciencia pero que es delicado para ciertos temas: se marea si no conduce él el coche, en transporte público siempre tiene que viajar en el sentido de la marcha... y le da mucha grima los temas "escatológicos". Habíamos ya enfilado la autopista cuando de repente nos empieza a llegar al olfato ese característico olor ácido... Mi madre y yo aguantábamos el tipo (y éramos las que íbamos al lado del animalito) pero mi cuñado empezó a gritar: ¡me mareo, me mareo! Y el coche desviándose un poco de la línea recta... Tres voces al unísono: ¡no te marees, no te marees! Menos mal que la copiloto (mi hermana) tuvo sangre fría, sacó un pañuelo embebido de colonia (virgen santa del camino seco, gracias por iluminar a mi hermana para que cogiera un frasco de colonia) y se lo plantó en la nariz a mi cuñado con un grito de guerra: ¡¡¡AGUANTA!!! Igual gracias a eso ahora estoy escribiendo esta andanza, uff, qué sudores fríos me entran de pensarlo..
miércoles, 15 de mayo de 2013
ANDANZA N. 110. LOS GENERICOS
He tenido a mi madre, en un sin vivir. Bueno, no por mi culpa esta vez, jaja... La pobre anda un poco preocupada desde que le cambiaron las cajitas de las pastillas. Ella toda la vida había tomado un protector de estómago y un paracetamol con nombre y apellidos y ahora se lo han quitado. Tiene un pequeño desconcierto, mejor dicho, un ligero cabreo, porque ella se lo anota todo y así no le pasa como a mi, que una noche me equivoqué de pastillas y me tomé las que me tocan por la mañana. O sea, engullí dos veces la pastilla para regular las tiroides, la hipotensora y el protector y me dejé la simvastatina y el relajante muscular. El resultado fue nefasto porque me puse doblemente como una moto (por exceso, 200 mg de levotiroxina o como se llame, y por defecto, nada de alprazolam) y a la vez me sentía mareada y con el corazón como un tambor. Lo solucioné tomándome el alprazolam y un narcótico para intentar estar bien drogada y dormirme de una puñetera vez y claro, al día siguiente, me levanté con la cabeza algo turbia. Ayyyy, pero tenía que hablar de mi madre... Pues resulta que le han recetado el paracetamol en pastillas (porque los sobres tienen algo de sodio y suben la tensión) y como se traga dosis de este medicamento como si fueran caramelos de menta, pues por la noche le resulta algo indigesto. Y esto enlaza con lo peor de todo: le han quitado su protector de estómago marca registrada. Ya lo dice ella: a mi no me pueden dar cualquier cosa porque me matan en dos días. Yo la he intentado convencer: mira, al "Papitu" (que no es un canario, sino un conocido nuestro que está muy malito, el pobre) le dan genéricos y los achuchones que le cogen no es por culpa de ésto. Pero mi madre es difícil de convencer, total, que he ido a ver a Vanesa (ya os he hablado de ella a veces, es un encanto que hasta socorre a Pere cuando se me cae por las escaleras del ambulatorio pegándose un coscorrón en la frente y un latigazo cervical) y le he dicho, Vanesa, tu ponle el protector de marca a mi madre si te lo permite el ordenador o, en su defecto, me das un coscorrón en la cabeza por tonta porque mi madre me asegura que al vecino le dieron lo que él pidió porque se puso farruco. Por suerte, el ordenador y Vanesa están de mi parte y le ha dejado entrar el nombre mágico y por lo menos, hasta dentro de 28 días, mi madre estará fuera de peligro por culpa de los puñeteros genéricos, jope, si es que todo está en contra…
viernes, 10 de mayo de 2013
ANDANZA N. 291. ¡MAMMA MIA!
Se unían todas las circunstancias favorables. Me apasiona el teatro. Me gusta la música de Abba (carrozooooooona) Me gusta la noche. Me gusta la lluvia. Me gusta mi osteópata. A ver, no me entendáis mal: me encanta como profesional. Y tiene un sentido del humor que es un puntazo, aunque a veces tiene su mala idea y aprovecha que me río para atacarme por sorpresa con esas agujas endiabladas. ¿Qué tiene que ver Jaume con esto? Mejor empiezo por el principio.
Resulta que mi osteópata actúa en un grupo de teatro del pueblo de al lado (mi otro Jaume, que no es Barcelona, jeje) y representaban el musical Mamma Mia. Llevaba… ¿seis años? Sin ir al teatro, qué horror, con lo que me gusta, cómo tienes que adaptarte a lo que llega… Pues entre el “mono” del teatro, el argumento, la curiosidad por ver a Jaume con otro disfraz, la buena compañía y que la noche puede confundirme pero me seduce… Para colmo empezó a caer esa suave lluvia de la que a mi me gusta, para ir sin paraguas y mojarte la cara y el pelo. Si no lo habéis hecho nunca, probadlo. No digo que seáis como la Carmen Maura transexual de Almodóvar, pero son vivificantes esas gotitas que te van resbalando por el pelo… Esto… Las que useis maquillaje y máscara de pestañas que no sea waterproof no lo hagáis mejor porque sino podéis llegar a parecer un cuadro abstracto.
Sábado noche en el pueblo, debajo de unas enredaderas espesas que impiden que te mojes, comiendo un bocadillo, charlando, riendo. Falta media hora para que empiece la función. Ya sabía yo que no tenía que beberme la lata entera de Coca Cola. Me voy al baño y hay cola. Ni cabemos en el exiguo espacio de espera. Al final sale una mujer y quedamos en la antesala una chica y yo. Me pregunta, ¿cómo son los WC de hombres? Los de aquí no sé, le digo; sé cómo es el de mi trabajo, inmenso para los cuatro gatitos que hay.
Muy decidida, abre de par en par la puerta de los servicios de caballeros y echa una ojeada. Uy, es que hay un meadero, me suelta. Porque si sólo hay un wáter cerrado a mi me da igual, total no me siento… Virgen Santa del Sanatorio de los Toreros. “La” posición. La miro y claro, lleva una cazadora cortita, pantalones por dentro de las botas y un bolso mínimo. Esta chica sabe el secreto. Lo sabe. “Sabe” que te puedes casi degollar con el peso del bolso sobre tu nuca. “Sabe” los líquidos que hay a veces en el suelo. “Sabe” que necesitas la otra mano porque el pestillo está roto o tienes miedo a quedarte encerrada y es de primera necesidad aguantar la puerta. Sobre todo si el WC es unisex, como las peluquerías. Yo no: bolso tamaño XL repleto hasta la bandera, gabardina con cinturón que siempre se vence hacia un lado y el bajo del pantalón rozando peligrosamente el suelo.
Al final, éramos las dos del pueblo más grande del pueblo de al lado, fíjate, y nos reímos un montón, y ya cogí confianza y le dije, ¿me aguantas la puerta? Porque yo además tenía que chutarme. El más difícil todavía. Menos mal que tengo práctica y voy cual rayo. Salgo, una sonrisa de agradecimiento y a mi sitio.
Ya sabía yo que demasiado líquido. A la media parte salgo disparada, dejando a mis amigas boquiabiertas porque encima tuve que sortear sus piernas (tendría que estar en el pasillo, donde además con un poco de suerte puedes toquetear a los actores) y me fui gritando: “¡Pis!”, espero que sólo lo oyera… Bueno, igual lo oyó todo el mundo. Pero… ¿a que no sabéis quién salía del baño cuando yo iba a entrar? ¡Siiiiiiii, ella, la de “la” posición! Jiji, vaya par de meonas, ahora entiendo porque lo sabiaaaaa
domingo, 5 de mayo de 2013
ANDANZA N. 106. MIS PELUCHES
Soy una persona muy ordenada y con poca tendencia a acumular objetos inútiles. Cuando me voy de viaje, por ejemplo, llevo el mínimo equipaje, con lo cual muchas veces he tenido que acabar comprándome ropa u otros objetos en mi destino. En cambio, hay algo a lo que no puedo resistirme: a los muñecos y peluches. Conservo uno que era rubio y angelical, bueno, sigue siendolo aunque su pelo ahora es rubio ceniza y ya ni toma bibe, ni papillas, ni hace pis o caquitas según tome, una cosa u otra. Lleva esparadrapo en brazos y piernas porque se le sueltan, con lo cual tiene una postura un poco rígida y sus mejillas ya no son tan sonrosadas, pero me resisto a jubilarlo. Tengo otro muñeco, un barriguitas, al que tengo que ponerle rulos en el pelo y suavizante porque se le ha quedado originariamente como un estropajo, pero cómo voy a tirar a mi negrito de brazos gordezuelos y celulitis de bebé? Por cierto, todos se empeñan en decir que es una niña, cómo va a serlo si se llama Pepe? También vive conmigo desde hace veinte años un peluche, un mono blanco, que era un primor, con una cabellera impresionante. Ahora tiene el pelo un poco grisáceo y menos abundante, de hecho le tengo que tejer jerseis para vestirlo y esconder las calvicies que tiene. Por cierto, la señora de la tienda de lanas me dijo que tenia un cuerpo extraño, cosa que no sé si es del todo cierto pero claro, ella está acostumbrada a tomar medidas a personas y no a orangutanes y por eso le tengo que tomar las medidas yo misma al mono. Pero bueno, ya le tengo cogido el tranquillo y cuando el día que se lo llevé a la señora para que viera a mi peluche recién lavado y con el trajecito nuevo, el mono recibió un achuchón y un sonoro beso, de lo aparente que quedaba. Y tenemos una pareja de negritos preciosos que.se llaman Connie y Reggie en honor a unos amigos mios. Están muy guapos, con sus bañadores de colorines y ella con sus lacitos en el pelo. Pero de resultas de tantos lavados, se les está venciendo un poco la cabeza y mi madre tiene que hacer de neurocirujana cosiendo cabezas. Dice que ya está un poco harta, con lo cual me va a tocar a mi sustituirla porque cómo voy a tirar a los alter ego de mis amigos?? Total que, en mi casa menos mal que Albert hace bajar un poco la media de edad porque entre nosotras y los muñecos debemos sumar... Ayyyyyy no quiero ni pensarlo!
jueves, 2 de mayo de 2013
ANDANZA N. 41. SERGI LOPEZ
Estoy convencida que la gente GRANDE, así con mayúsculas, son las personas más normales. He conocido personajes y personajillos y creo que puedo hablar con conocimiento de causa. Una persona que me impresionó fue el actor Sergi López. Poco reconocido en su país, es un ídolo en Francia. No os podéis imaginar lo valorado que es. Yo le había visto en alguna película al lado de estrellas como Juliette Binoche o Scott-Thomas. Pero lo que más me impactó fue verle en Non Solum. Es amigo de Pere y le regaló unas entradas. Las MEJORES entradas, qué detallazo, no me lo podía creer. Verlo actuar dos horas solo mutándose literalmente en varios personajes. Impresionante. Pero lo mejor fue a la salida. Le esperamos para felicitarle, cuando vio a Pere le dio un abrazo intenso, de verdad. Nos presentamos, se interesó por mi trabajo, por mi ciudad... Caray, una figura y era cómo si estuviera hablando con un amigo de toda la vida... Tan llano, tan auténtico ... Mientras hablábamos se acercó una chica, se le echó encima literalmente y le empezó a decir que había visto la función aquí, allá y mas allá... El tenia una media sonrisa, se le acercó, le dio dos besos protocolarios y le dijo encantado, hasta otra. Qué forma más elegante de decirle lo siento pero no te voy a invitar a una copa... Y siguió hablando con nosotros. Una persona de profesión actor como tu eres médico, biólogo o escritor. Punto. Cuando acaba su trabajo se vuelve a Vilanova con su familia. "Chapeau", Sergi...
martes, 30 de abril de 2013
ANDANZA N. 16. QUEDANDO EN EVIDENCIA
Si algo he aprendido en mis andanzas, es que intentar impresionar a alguien suele producir el efecto contrario. Me viene a la mente una historia que me contó un conocido mio. Unos amigos comunes le presentaron a una mujer, le gustó, le propuso ir a cenar y ella aceptó. Como no sabía de los gustos de la señora, preguntó entre sus amigos y uno de ellos le dijo: sin dudarlo, llévala a... digamos "Sal y pimienta". La impresionarás... Dicho y hecho, mi amigo reservó, se encontraron en la puerta del restaurante.... Cuando cruzaron el umbral les recibe una camarera vestida de negro de pies a cabeza, pelo al uno y teñido rubio platino, con pinta guerrera. Y después había otra que parecía su gemela. Y otra. Y camareros delicados también de negro. Luz, más bien poca. Muy íntimo, sí... A la hora de elegir el plato, mi amigo empezó a apartar la carta discretamente. Esto, ¿tu que vas a tomar? Y la señora l replica, ¿ que me aconsejas? Y mi amigo pues... Esto... ¡Es que me he dejado las gafas de cerca en casa! Y la señora le contestó, pues sí que vamos bien: ¡yo no he traído las de lejos! Total, que acabaron señalando a voleo los platos de la carta, como si estuvieran en un país extranjero. Al llegar a los postres, uno de los camareros se acerca a la señora, se agacha a su lado y susurra: pues yo de ti elegiría espuma de limón con aroma de mango que está................ ¡de vicio! Y sí, ¡por extraño que pueda parecer acabaron comiendo espuma de limón con aroma de mango!
domingo, 28 de abril de 2013
ANDANZA N. 287. MES DE ABRIL
Al genial Sabina alguien le robó el mes de abril. A mi, la verdad, si me pasa eso, me la lían parda. Primero, porque el año tendría once meses y en poco tiempo cumpliría más años de los que me tocan. Segundo, porque acaba de pasar mi aniversario y todavía me faltan muuuuuuchos días por delante para colocar una nueva vela. Bien, en realidad la sensación es que no me toca volver a cumplir años porque no puede ser que pase verano, Navidad y ya volvamos a marzo pero...
Igual debo tener mi particular percepción del tiempo o a lo mejor me están robando no el mes de abril, sino horas o algún día en que me despisto. Porque la gente a veces es “mu” mala, a ver si me pasa como ayer en el super; mientras colocaba el genero en el carrito de la compra: para ir más rápido, dejé el carro del super a mi lado y me lo quitaron. Sí, sí, así mismo. Perdí un euro. Por un euro no te dejan subir al autobús. Hay que ver. En fin, ahí queda la anécdota; prefiero dar 50 euros a alguien que necesite comer a que me quiten el carro con el euro; llamadme rara pero qué jeta tiene la peña, de verdad.
Sigo con el mes de abril, perdón. Si me quitan el mes de abril, me quedo sin el mes en el que empecé a trabajar en el banco, curiosamente, el mismo día del santo de mi amigo Anicet. Me roban casi todas las semanas santas, con lo que me gustan esas mini vacaciones...
Y me quitan, claro, Sant Jordi, que ya sabéis que es mi fiesta aunque las rosas y los libros me los compre yo. Por cierto, casi siempre me pasa una historia curiosa ese día. Los chicos del colegio que está casi puerta con puerta con mi oficina venden rositas hechas de plastilina (supongo) por un precio simbólico para una causa solidaria. Hace unos años, entraron unos chiquitos y uno me enseñó una gran variedad de rosas, sería muy temprano supongo y tendrían la parada casi entera. Yo no sabia cuál elegir y él me soltó: elija esta, que es casi tan bonita como usted. Fijaos qué dos grandes cualidades tenia el chaval: bien educado y con muchas posibilidades de triunfar en el terreno del marqueting. Tengo que reconocer que me j... lo del “usted”, no me resigno a que me llamen señora. Mi madre me regañaría, diría que la edad se lleva con dignidad pero... Ya sabéis que yo no soy mi madre.
El año pasado, se presentaron unas chicas a última hora, todas ex compañeras de Albert. La que me conoce más me dijo, te traigo las rosas, están un poco pachuchas pero es que el resto ya las hemos vendido... Sabia decisión la de la niña. Intuía que la Cahuín las compraría igual (total, tampoco están tan mal) Dios mio, qué transparente soy, qué más da que no sean perfectas, pobres. La chiquilla me tiene calada. Es que si me enseñan unos cuantos gatos y tengo que quedarme con uno, para mi el tuerto, pobre, que necesita que lo cuiden más.
Por todo esto y por muchas más cosas, por favor: que nadie me robe el mes de abril... O me quedaré marchita...
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